miércoles, 6 de enero de 2010

DEL DESATRAPE DE LA INTELIGENCIA

“A lo largo de mi batalla íntima he sido una ella, una tú, una Donna, una mí y finalmente una yo”

En los textos “Lugar del cuerpo en el aprendizaje”, “El fracaso en el aprendizaje” y “¿Fracaso escolar?”, Alicia Fernández hace un análisis acerca de lo que es la diferencia entre el cuerpo y el organismo, así como la función de estos en el proceso de enseñanza-aprendizaje; y en términos generales, la diferencia entre fracaso escolar y problemas de aprendizaje; a la vez que rescata la importancia del deseo y del placer por aprender del educando, como del enseñar del docente, calculando así, que éste último debe tener también la facultad de reconocer que el primero puede a su vez enseñarle desde sus experiencias y habilidades.

En el “Lugar del cuerpo en el aprendizaje”, la autora además del cuerpo y del organismo, habla de la importancia que tienen la inteligencia y el deseo, como niveles implicados en el proceso de enseñanza-aprendizaje; asumiendo que por el cuerpo el individuo se apropia del organismo, en el cual se encuentra la inteligencia y el deseo; apropiación que depende también del dominio del objeto, que se da por previo conocimiento. Además, en el texto se resalta el papel que cumple el cuerpo como aquel que manifiesta el placer y el gozo de aprender-enseñar, elemento tal que en la modernidad no es muy tenido en cuenta a la hora de impartir los conocimientos, ya que los docentes se sujetan a dictar sus cátedras a un cúmulo de educandos (denominación que no cabría en este espacio, ya que si tenemos en cuenta la etimología de la palabra educar: del latín e-ducare: conducir desde dentro hacia fuera, constituyendo así como labor del docente, sacar fuera, al mundo, todo aquello que el estudiante va adquiriendo en su ser; no tiene nada que ver con lo que se ha planteado hasta este momento, pues en lo relatado, el docente sólo derrama su conocimiento o información sobre aquellos que están prestos y porqué no, muchas veces obligados a escuchar de manera estática y sin permitírseles brindar su aporte), sin importar si realmente, estos los están recibiendo y de qué forma, pues no se le presta atención a la manera de dirigirse a ellos, ni al vínculo o tipo de relación establecida entre docente – estudiante; punto en el cual la autora hace hincapié cuando nos plantea: “…el vínculo con la persona que le da al bebé el chupete, que establece una relación con él tiene tanto valor como la boca. Y en el aspecto del aprendizaje más.” Es decir, si es tan importante el vínculo entre quien enseña y quien aprende, pero este es obviado en la gran mayoría de Instituciones y por parte de quienes se dedican al ejercicio de la docencia, aquellos que se reservan el centrarse a su vez en su propio cuerpo, para darse cuenta de cómo están transmitiendo lo que hace parte de su labor y vida cotidiana, no sólo con repeticiones ni prohibiciones, sino con deseo y permitiéndose también aprender; tampoco podrán tomar conciencia de cómo los seres hacia quienes se dirigen reciben sus enseñanzas y con cuánto placer o desagrado lo hacen.
Cabe citar aquí a Francoise Dolto, cuando nos dice: “Para ir haciendo comprender al niño que la realidad no es como él la imagina, es necesario introducirlo en el lenguaje...” Y qué mejor manera, que intentando con el lenguaje corporal, pues como es bien sabido, el cuerpo también nos habla, de ahí la importancia que tiene éste en los momentos de enseñanza, y más aun si tenemos en cuenta que el niño aprende por imitación (en una escuela donde sus docentes son parcos, el niño también podría ir reflejando tales actitudes), y no sólo por imitación del habla, sino del reflejo de la corporeidad (aspecto que además serviría para enseñar al niño a pensarse como un ser con identidad propia).

Retomando entonces a Alicia Fernández, cuando nos habla de “¿Fracaso escolar?” y “El fracaso en el aprendizaje”, con su cautivador subtítulo: ‘Fracaso del que aprende o del que enseña’, nos da pie para reflexionar acerca de la responsabilidad que tienen todas las partes en el proceso de aprendizaje del ser humano, tanto de la familia, como de la Institución y por último de aquel niño o joven que acude a recibir su enseñanza; indicando así, que el mal llamado fracaso en el aprendizaje no es más que una negación a lo que la sociedad pretende imponer, sin tener en cuenta las esperanzas, los anhelos, los deseos, las habilidades y los intereses de quien se está educando, impidiendo que salga del individuo aquello que dejó guardado, como muy bien lo nombra Alicia Fernández, dejando su “inteligencia atrapada”. De ahí, que se hable pues de problemas de aprendizaje, de fracaso, de inhibición, de síntoma; todo aquello que le dificulta al aprendiente estar en una posición más tranquila, más de goce, disfrutando realmente del arte de ser educado. Dificultad que se halla muy marcada por la falta de reconocimiento de las funciones de la familia en este tan mencionado proceso de aprendizaje, por no darle cabida a la historia personal del individuo que aprende (algo muy complejo en la sociedad, si se tiene en cuenta que serían alrededor de 40 individuos mínimamente por aula de clase). Aprieto , además, que tiene que ser expresado de alguna otra manera o como “síntoma”, debido a todos estos obstáculos que interpone la vida misma para quien está en dicho proceso. Y esto contando con sujetos que yo llamaría más afortunados, pues tienen la posibilidad de dejar surgir de algún modo eso que los aqueja; ya que también existen quienes como nos dice la autora y ya nos lo había enseñado Freud, se quedan inhibidos, seres para quienes puede ser más arduo o quizás opacado el aprendizaje como tal.
Anotaré aquí un planteamiento de Francoise Dolto, a manera de explicación sobre por qué tantos niños rechazan la escolaridad: “Pero hasta las horas de ocio están dirigidas. El tiempo libre es impuesto…Lo que cancerizó el sistema fue haber implantado la escuela obligatoria.”

Pero Alicia Fernández no se queda en los asuntos espinosos del aprendizaje, sino que también propone algunas estrategias para todos aquellos que de una u otra forma se encuentren inmersos en la encantadora labor de la educación, especialmente, a los psicopedagogos, sugiriendo técnicas de intervención con los individuos que ya han sido etiquetados con dificultades de aprendizaje, con sus docentes, y con sus familias, devolviendo así la responsabilidad a cada uno de los involucrados en dicha tarea. Rescatando a su vez, no sólo la autora, sino muchos otros estudiosos del asunto, la importancia del cuerpo, el espacio, el interés, el tiempo libre, el vínculo, etc.
También Francoise Dolto nos lleva a pensar acerca de estas posibles estrategias: “Si todavía leen con torpeza, los niños no pueden representarse bien lo que contienen los libros. No veo razones para que no continúen en lectura y escritura todo el tiempo necesario, y, durante éste, hagan trabajos manuales, natación, prestidigitación, danza, música, etc., en fin, todo lo que puede interesar a un niño manual, hasta que sepa leer y escribir perfectamente. Y, a partir de ese momento: ‘Aquí tienes todas las cosas nuevas que, si quieres, puedes hacer”

Para concluir, todos tenemos una gama de capacidades y aptitudes, que se pueden emplear de muchas maneras productivas; pero por desconocimiento, o por estar arraigados a las costumbres y tradiciones metodológicas, quizás estemos destruyendo muchos edificios antes de ser construidos, derribando aviones sin ser creados, talando árboles sin sembrarlos, silenciando músicos y poetas sin darles un instrumento, atando bailarines antes de verlos crecer, ocultando códigos matemáticos antes de desarrollarlos…, y esto por no facilitar el proceso de desarrollo de aptitudes de quienes algún día podrán reconstruir su espacio. Me pregunto entonces, ¿El sistema educativo evolucionará de tal manera que a partir de la Docta Ignorancia se fortalezcan los vínculos en las familias, se disfrute la labor de Educar y de Aprender?, o simple y cobardemente, ¿Seguirá acallando las voces de esos seres que con sus diferentes modos de pensar se han imaginado y han trabajado por un mundo más libre y más humano?
NO PERMITAMOS QUE LA INTELIGENCIA SIGA QUEDANDO ATRAPADA…

BIBLIOGRAFIA

• WILLIAMS, Donna. Aquí no hay nadie: La extraordinaria autobiografía de una niña autista. Editorial Norma. Barcelona.
• FERNÁNDEZ, Alicia. La inteligencia Atrapada. Buenos Aires. 2002.
• FERNÁNDEZ, Alicia. Los idiomas del aprendiente. Editorial Nueva Visión. 2000
• DOLTO, Francoise. La causa de los niños. Buenos Aires. Editorial Paidós. 1986.

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